A tu mente subconsciente le encanta pensar lo contrario y te pone trampas: culpas a tus padres, al vecino, a la economía, a la política…
Si lo pones en manos de otros, pierdes libertad.
Esto no es algo que aprendes intelectualmente, sino en la maestría de tu experiencia.
La vida es simple, tú la complicas.
Puedes comenzar hoy mismo a ver tus entornos a la luz de tu libertad: tú puedes hacer algo y ese algo es ser Tú -con mayúscula.
El tú con minúscula no conoce su poder, su fortaleza, sus virtudes.
Pero tienes que entrenarte.
Tienes que ver la realidad sin distorsionarla.
Para todo esto, la herramientas más eficiente es la meditación. Con ella desarrollas la disciplina para ser discípulo/a de tu alma y maestro/a de tu vida.
Si permites que tus emociones y tu pensamiento nublen tu juicio, arruinas tus decisiones. Éstos están al servicio del Alma que pilotea a través de la intuición como inteligencia aplicada.
Tu vida se moldea según tus decisiones y tu felicidad también. Tomando decisiones con inteligencia aplicada te mueves en pos de tu evolución espiritual personal y no en pos de tus miedos y apegos.
Por eso tu felicidad no depende de tus emociones, ni de tus pensamientos, sino de tu estado mental y tu estado de consciencia: una mente neutral, meditativa, puede navegar tranquila cualquier agua, cualquier sendero, rumbo a su destino.
Es allí cuando vas en camino a desarrollar tus virtudes y hacerlas visibles a través de tu vida y tus acciones, que es nuestro propósito colectivo en esta experiencia humana. Es así como podemos crear una vida auténtica, con propósito y sentido, que hace florecer a la humanidad.
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